8 mar. 2018

[Relato] Brujería en la tienda de discos

Brujería en la tienda de discos

¡Por fin! Había salido ya el nuevo disco de Soluna, las dos grandes divas del pop que están en auge hoy en día. La gente de hoy prefiere adquirir la música de Internet, pero yo no. Para mí no hay nada como tenerlo en físico y poder admirar desde la estantería mi gran colección.
La tienda estaba completamente, literalmente. No tardé en encontrar el disco que tanto ansiaba, pero cuando fui al mostrador a pagar no vi a nadie. Miré a mi alrededor y es que no se observaba ni un alma. No mentiré, tenía la tentación de irme sin pagar, dudo mucho que me hubieran visto, pero me sabía mal. Puede que fuera toda su clientela de hoy, tampoco tenía pinta de que esto se fuera a llenar. Como último recurso decidí mirar en la trastienda, a ver si la dependienta estaría haciendo inventario o algo.
No di crédito a lo que vi, allí atrás había una mujer vestida con una larga túnica que tenía una larga capucha con la que se cubría gran parte del rostro. Junto a ella, otra persona vestida con túnica, pero a ésta le tapaba el rosto lo que parecía ser una máscara de gas. Sujetaba un libro, mientras la mujer encapuchada removía con un largo palo el enorme caldero burbujeante que tenía frente a ella del que emanaba una gran cantidad de humo de un tono violáceo.
—¡Oh, Madre Suprema! Que este humilde tributo que te ofrezco te sea complaciente y a cambio deseo que cumplas mi sueño ferviente —conjuró a la par que leía el libro e iba echando todo tipo de ingredientes, cada cual más estrafalario que el anterior.
Me asusté, esto no era ni medio normal. Pegué un chillido que alertó a esa bruja de mi presencia. "¡Coged a esa persona entrometida! Oí que ordenaba al acólito que hace unos segundos atrás sostenía el libro durante la "ceremonia".
Salí pitando de allí sin mirar atrás. Ya estaba en la entrada para salir y olvidarme de todo lo que había pasado cuando reparé en que la puerta no se abría. Por mucho que empujaba, ésta no cedía. De la puerta emanaba un líquido de un color verdoso que parecía salir del cerrojo. Estaba claro, habían utilizado un hechizo para impedir que pudiera escapar.
Alguien me puso la mano encima, en mi hombro. Del susto que me dio al ver al ayudante de la bruja di un salto atrás que me hizo caer contra el suelo. El atuendo del acólito no difería mucho del que llevaba su ama salvo por el color, ya que en este caso era púrpura y tenía estampado todo tipo de símbolos rúnicos. Ah sí, y la máscara antigas cobriza con dos válvulas que llevaba y era lo que más aterraba al mirarlo.
Estaba sin salida. Aquel tipo sacó de debajo de la túnica una vara de madera. Estaba ramificado y a juzgar por el preciso tallado y las joyas que tenía incrustadas a ambos lados y bien situadas en las bocas de una especia de dragones tallados en los dos extremos del báculo, diría que es algún tipo de artefacto mágico. El acólito comenzó a agitarlo mientras recitaba algo que no sería capaz de repetir. Yo en un afán por hacer algo cogí unos cuantos discos que se encontraban en lo más bajo del estante, a mi altura y se los fui tirando.
No le hizo mucha gracia, vi como se cabreó y agachó el cetro viniendo hacía mí con ira. Yo continuaba tirando los discos que podía recoger y arrastrándome hacia atrás por el suelo buscando mi oportunidad de escapar. No duró tanto como esperaba la situación y acabó cogiéndome de la camiseta con fuerza.
—Ha llegado la hora de despedirse. No volverás a causarnos infortunio alguno —me amenazó.
No lo entendí, era la primera vez que les veía y tampoco me considero una persona gafe. El corazón me latía a mil, cerré los ojos y los tenía apretando con gran fuerza preparándome para lo peor. Estaba a merced de gente que practicaba magia negra y podía ocurrir cualquier cosa.
—¡Corten! —Gritó alguien a lo lejos.
Se acercaba un hombre que vestía con gran elegancia un traje beige. Su exceso de maquillaje ocultaba sus arrugas e imperfecciones y con ello, su avanzada edad. Su pelo castaño bien peinado hacia atrás y no había escatimado en gomina. Su atuendo lo complementaba un pañuelo rojo y blanco con el nudo estirado por detrás.
—Pero vamos a ver Fran, ¿en qué se parece una persona a un gato?
El acólito se quitó su máscara. Debajo se veía un hombre de tez mayor. Tenía poco pelo, siendo en su mayoría canas que trataban de conquistar el poco azabache que quedaba por debajo. Fran se quedó un rato pensativo como si le acabaran de contar un chiste. Ante la falta de respuesta, el hombre elegante se acercó con un conjunto de folios en la mano.
—Mira, léete el guion —le gritó mientras le entregaba con desdén los papeles—. Aquí pone claramente que quien interrumpe el conjuro de la bruja es un gato blanco. ¡Habéis comenzado con la escena antes de tiempo!
Fran me soltó y me comenzó a leer el guion. El hombre elegante, quien debía ser el director, parecía sobreactuando, se agitaba las manos para abanicarse mientras se quejaba de la película estaba siendo un fracaso y se sentó en una silla haciendo un además de estar completamente exhausto. El silencio sepulcral y la falta de gente que había imperado en la tienda de hoy se disipó. Todo estaba lleno de gente, unos limpiaban todo el estropicio que habíamos causado antes, otro maquillaba al acólito mientras seguía repasando el guion y un estaba limpiando limpiando el líquido verde que había ensuciado la puerta. Yo estaba inmóvil, había creído por un instante de que me iba a pasar algo horrible y ahora estaba en un plató, aun me encontraba asimilando esta hecatombe emocional.
—Disculpe, señor. No entiendo, ¿qué está pasando aquí? —Pregunté al director.
—Estamos grabando una película para el cine. Trata de una dueña de una tienda de discos que al no tener clientes, decide vender su alma a cambio de que su negocio prosperase.
Me pregunté hasta qué punto se habían inspirado en la realidad, aunque opté por guardarme la cuestión para mí.
—Pues siento mucho haberlo fastidiado. Yo había venido a comprar un disco y estaba la puerta abierta como siempre, no sabía que se estuviera grabando.
—No pasa nada, de todas formas el minino protagonista de esta escena sigue sin aparecer. Como se haya escapado mal futuro le auguro.
—Está bien —me incliné levemente como señal de despedida. Iba a marcharme cuando recordé una duda que tenía—. Por cierto, ¿cómo lo hicieron para cerrar la puerta con un líquido verde?
—Se equivoca —respondió tras meditar un rato—, la puerta la cerramos cuando oímos que alguien había entrado. El líquido verde es pintura que se le debió de caer a algún manazas de producción.
Aclarado esto me fui para hablar con la bruja que sin la capucha la había identificado como la dependienta de esta tienda. Una vez ya pagué por el disco me fui tranquilamente a casa ya para descansar el resto del día. Me voy a plantear el volver a esta tienda, no creo que aguante de nuevo algo similar, pero tengo que reconocer que la película me ha generado interés.


Relato hecho para el taller "Móntame una escena" de Literautas.

6 comentarios:

  1. Hola,

    La historia es divertida y dinámica e imaginativa, no aburre y creo que está bien estructurada. Me ha gustado

    Saludos!!


    Un saludo

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  2. Saludos Senentoh:

    Vaya menudo susto. En fín, que despediría al asistente del director por no colgar mínimo un rótulo fuera de la tienda.
    La historia me parece tragi-cómica, y un susto que no quisiera vivir.
    Entre las mejoras,el primero que noté es este:
    «La tienda estaba completamente, literalmente.»
    Lo bueno es que estás en tu propio espacio y puedes corregirlo en un santiamén-
    He notado que los verbos discendi en los diálogos, a veces los dejas con minúsculas (me amenazó) y otras con mayúsculas (Gritó, Preguntó). Recuerda que siempre irán en minúscula, aunque requiera palabras adicionales como "me amenazó". Solo los no discendi, iran en mayusculas, por ejemplo:
    —Está bien —Me incliné levemente como señal de despedida.
    Ya que es una acción que no conlleva la acción de hablar.
    No quiero explayarme, solo decirte que ya estás en la recolección que he preparado y te invito que te pases por ahí, para puedas leer a quienes no tienen blog.

    Busca la pestaña de Literautas en:
    https://karenmarcescorner.blogspot.com/

    Un plácer, ¡nos leemos!

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  3. Hola Senentoh, me he divertido con tu relato. Es la primera vez que te leo, y espero seguir haciendolo. Te dejo mi link para que puedas leer mi trabajo. Nos leemos. felieguizabal.blogspot.com

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  4. Buenas, Senentoh.

    Me ha gustado tu relato y esas dos ocasiones en las que le das la vuelta y lo conviertes en algo diferente.

    A parte de lo que ya te ha comentado K. Marce, tienes que mirar la puntuación. Faltan muchas comas y algunas frases se hacen demasiado largas. Me gustaría poder ponerte algún ejemplo, pero aún no domino bien el tema. Te dejo un enlace de Literautas dónde lo explican bastante bien: https://www.literautas.com/es/blog/post-12950/como-usar-la-coma-correctamente-en-un-texto-literario/

    Sigue escribiendo, se ve que te gusta y lo haces bien. Con el tiempo todos vamos mejorando.

    Yo también participo en el taller de escritura del mes de marzo, mi relato es el número 20: Canela, vainilla e incienso. Te dejo un enlace por si quieres pasarte a leerlo: http://alemaniaentrebastidores.blogspot.de/2018/03/canela-vainilla-e-incienso.html

    ¡Un saludo!

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  5. Hola, Senentoh, soy Manderley.

    Tu cuento respira buen humor, sobre todo por las observaciones del narrador. En ese sentido da lo que promete, porque el clima de espanto que podría impregnar una escena así se ve matizado por esas ironías. Cuando se destapa el enredo, se entiende que lo que pasaba no era ni mucho menos grave.

    Como cosas a revisar, esa frase que se ha quedado incompleta y que utilizas en alguna frase el condicional (estaría) en lugar del subjuntivo (estuviera).

    Saludos.

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  6. Hola, Senentoh
    Excelente el cambio, pareció por un momento algo arcaico, una bruja con una olla... y luego se transforma
    Aparte de los comentarios, un texto fluido y de lectura amena.
    Saludos Marcos

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