8 ene. 2018

[Relato] Dos encuentros sobrecogedores

¡Muy buenas! Una de las cosas que siempre me ha apasionado ha sido la escritura. Ahora que tengo mi propio blog me ha parecido una buena idea de ir subiendo los relatos que vaya escribiendo y así ir mejorando progresivamente. 

No os cortéis a la hora de dar vuestra opinión, ya que mi blog se centra en las críticas que menos que hagáis lo mismo conmigo, jaja. No son gran cosa de momento, pero de momento lo hago para adquirir costumbre y ganar soltura para cuando escriba.


Dos encuentros sobrecogedores


Estaba completamente cuando, de pronto, un ruido me despertó de golpe. Yo en aquel entonces era un pequeño Alan que vivía en las afueras de la ciudad y no estaba acostumbrado a oír ruidos de este tipo. De hecho no solía escuchar ningún ruido. Me puse en alerta.
Pasado unos pocos minutos sin que hubieran novedades, me relajé y traté de volver a dormir. El sueño ya volvía a apoderarse de mí cuando volví a notar un ruido. Era la puerta. Alguien intentaba entrar. Casi me da un ataque de corazón, yo no tenía hermanos y mis padres ya estaban completamente roques. ¿Quién vendría hasta aquí a tan altas horas de la madrugada? No quería averiguarlo, cerré los ojos y me dispuse con todas mis fuerzas a intentar dormir. Qué inocente era.
Se oían pasos. Ya habría entrado aquel intruso. El sonido constante en mi oídos me verificaron que todo esto estaba pasando de verdad, no era mi imaginación. El caminar era claro y conciso, el intruso tenía muy obvio a qué había entrado. El sonido de los zapatos chocando contra el parqué se acrecentaba cada vez más, había venido a verme a mí.
Estaba asustado. Me escondí debajo de la manto sin tener muy claro qué más hacer. Notaba su presencia, cada vez se estaba acercando más a mí. Yo continuaba en mi refugio, estaría temblando, quizá hasta sollozando..., pero de lo que sí me acuerdo es que estaba muy inquieto. Quería correr y largarme, mis piernas temblaban con gran frenesí, pero en aquel momento la cama era lo único que me daba el amparo que necesitaba.
La puerta se abrió, escuché el sonido al tirar del picaporte. Yo me caí de la cama y raudo me arrastré hasta una esquina en un simple ademán de escapar. Pensé que la oscuridad podría darme cobijo y mantenerme oculto. Rogaba para que se marchara. Aquella persona reparó en mí y se me acercó. Yo me regocijé en mis piernas, el miedo no me daba para más y ya no veía ninguna vía para escapar. Estaba empapado de sudor.
Aquel tipo tiró de mi manta. Yo la agarraba con fuerza por dentro para evitar que me destapara. Él hizo una mayor fuerza, pero yo continué oponiendo resistencia. En ese momento sabía que de poco serviría, si esa persona quería algo de mí estaba claro que lo conseguiría de cualquier forma, yo sólo quería mantenerme en mi burbuja y estar a salvo el mayor tiempo posible.
El intruso se marchó. Oí sus pasos como cada vez se alejaban más. Yo me quedé ahí, no me sentía seguro. El corazón me latía a mil y el sudor ya empapaba hasta el pijama. Al final el sueño me venció y con ello superé la noche. Nunca llegué a saber quién era, nunca volvió y mis padres nunca llegaron a ser conscientes de lo ocurrido, no notaron nada raro aquella noche, todo seguía en su sitio.

Tuve ese recuerdo muy presente desde entonces. Con el paso del tiempo ya dudaba de si lo que me ocurrió fue verdad o una pesadilla que sufrí vívidamente, pero sí que tuve muchos problemas para dormir desde entonces. Pero bueno, ya ha pasado más de 20 años ya era algo que había olvidado completamente, hasta hace poco.
Volvía a casa bastante tarde porque a mi le jefe le pareció encasquetarme con la faena que él tenía atrasada. Estaba cansado y ya sólo pensaba en cenar algo ligero e irme a dormir, más que nada porque mi jefe me adoraba tanto que no le había bastado con verme durante todo el día, si no que al día siguiente a primera hora quería seguir disfrutando de mi careto. Debía ser su mayor fan.
En fin, no podía ya más con mi alma, era ya muy tarde, el sol se había marchado hace horas. Aparqué mi coche delante de casa, sin meterlo en el garaje ni nada y me dispuse a entrar en casa. Me llevo mi tiempo, había incrustado las llaves en la cerradura, pero estas no giraban. Por mucho que las volviera a insertar nada, aunque al cabo de un rato cedieron. 
Entré dejándome llevar y me tiré al sofá de cansancio, sentí una gran comodidad que podría haberme dormido allí, de no ser porque escuché un ruido que me estremeció. ¿Se había colado alguien? El ruido venía de la habitación para invitados. Me acerqué con lentitud, extrañado. Conforme me acercaba lo pude distinguir de forma clara. 
Alguien había entrado a robarme, oí un ruido como de un golpe fuerte al abrir la puerta y cuando entré vi el revoltijo que le habían hecho a la habitación. ¿Quién había podido causar esto? No tardé en ver un montículo cubierto por unas sábanas que hacía un ruido de... ¿llanto? Había alguien llorando ahí en un rincón.
Me acerqué a esa persona con cautela, todo parecía muy extraño y no quería llevarme alguna sorpresa. Aunque por el tono de voz parecía tratarse de un niño. ¿Se habrá perdido? Intenté tirar de la manta y preguntarle lo que había pasado, pero aquel pequeño zagal se resistía. Volvía a hacerlo con mayor fuerza e intentaba hablar con él, pero supongo que entre sollozos no me oiría nada.  Al final desistí, en ese momento estaba muy despavorido, así que opté pro irme a la cama, era mejor que descansara y al día siguiente hablaría con él.

Nunca pude. El día siguiente aquel niño se había esfumado sin dejar rastro, como si nunca hubiera estado. No tardó entonces de venirme un recuerdo familiar al recordar esa noche, pero no sabría decir cómo pudo pasar exactamente. Espero que ese chaval se recupere de lo ocurrido.

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